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¿Y si no me gusta tener sexo, qué?
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Publicado el 10/04/2019

Cómo es la tribu de los “asexuales”. Quieren demostrar que no son enfermos y ahora usan las redes para promover su activismo contra la hipersexualidad de esta sociedad.

Vivimos en una sociedad en la que el sexo es un aspecto inseparable de la vida en pareja o en solitario. Desde escenas de películas, libros u obras de arte, el acto sexual es el paso lógico para la consumación de un amor o el impulso que se necesita saciar incluso en la soltería. Pero, ¿qué sucede si a una persona sencillamente no le interesa el sexo? Aunque no suele ser un término demasiado familiar, la asexualidad existe.

Tal como explica la psicóloga Patricia Pomatti, especializada en Vínculos y Diversidad, “el colectivo de asexuales define la asexualidad como la falta de atracción sexual por personas del mismo o distinto sexo, de manera estable en el tiempo y no como consecuencia de una enfermedad u otro impedimento. Son personas mental y físicamente sanas que dicen no sentir ninguna necesidad ni interés por mantener relaciones sexuales, lo que no quiere decir que muchos de ellos no deseen vivir en pareja, tener otro tipo de intimidad con otra persona o que no sean capaces de enamorarse”.

Aceptarse, el primer paso

“Desde mi primera relación sexual me di cuenta de que el sexo no me interesaba. Me pasa desde chica. Y en el tema pareja es difícil, siempre he tenido relaciones de meses, pero tarde o temprano no querían estar más conmigo porque si no tenés sexo para mucha gente no existe otra manera de expresar el amor. Hoy por hoy para mí el afecto pasa por un beso, una caricia y, sobre todo, por una charla. Es muy importante tener un grupo que te entiende y para hacer catarsis si lo necesitás. No se puede hablar mucho porque todos te miran raro.” (Ivana, 35 años, administrativa)

El término “asexual” tomó mayor relevancia pública a nivel mundial en 2001, cuando el estadounidense David Jay fundó AVEN (Red para la Visibilidad y la Educación Asexual, en español), una red cuyo fin era reivindicar y unir a todos aquellos que se consideraran asexuales. AVEN fue el puntapié inicial para que psicólogos, sociólogos y antropólogos comenzaran a investigar el tema, dándole no sólo visibilidad científica sino también mediática.

En nuestro país el movimiento surgió en 2011, cuando Luli Cattáneo fundó la página de Facebook “Yo también soy asexual-Argentina” y también un grupo privado en la misma red social para nuclear a la comunidad. Hoy en día hay más de 3.000 miembros que buscan allí apoyo e información.Fuera de Buenos Aires, otro grupo, Asexuales Mendoza, se volvió activo en la redes y cosecha seguidores.

“AVEN aportó un gran impulso a la comunidad asexual hispanohablante”, explica Patricia Grosso, actual administradora del grupo argentino del colectivo. “Esperamos que al visibilizarnos podamos cambiar algunas situaciones que vivimos, como la patologización. Hay un prejuicio muy marcado que deja de ser solo descreimiento, han llegado a insultarnos por dar información. Muchos preferimos visibilizar desde el anonimato por ese motivo.” Existe en la página un “AVENwiki”, donde se desarrolla una genealogía de famosos asexuales de la historia y personajes de ficción. Aunque los autores de la página aclaran que no podrían probar la falta de sexualidad de muchos, incluyen a Isaac Newton, Emily Brontë, Immanuel Kant y a… nuestro Jorge Luis Borges. De los más contemporáneos, el diseñador Karl Lagerfeld y el cantante Morrissey (“Por desgracia, no soy homosexual. Teóricamente, soy humasexual. Me siento atraído por los seres humanos. Pero, por supuesto… no muchos”, dijo alguna vez).

Por lo menos, a veces

“Mi novia y yo somos asexuales. Con un poco de humor, podría definir nuestra vida sexual como el estereotipo del matrimonio con muchos años de casados (aunque no sea nuestro caso). Tenemos relaciones sexuales ocasionalmente y las disfrutamos, pero ciertamente hay otras cosas que sentimos mucho más placenteras. Supongo que esto último se debe a que, aunque uno no decide ser asexual, serlo te ofrece una perspectiva diferente frente a una sociedad hipersexualizada.” (Alejandro, 25 años, estudiante)

Una de las creencias más comunes es que la persona asexual es célibe, que odia el sexo o que no lo practica por cuestiones morales o incluso por algún problema médico u hormonal. Al respecto, el psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin apunta: “La asexualidad permite diferenciar diferentes formas de atracción no sexuales como la atracción estética (por las características corporales), la sensual (formas de besar, abrazar, acariciar) y las románticas (sentimientos amorosos). También dentro de la misma asexualidad existen personas que no tienen deseo sexual y otras que sí lo tienen pero no es el motivo para unir a las personas en una relación, pueden masturbarse y tener sexo con sus parejas, sin ser la fuente principal de unión”.

La psicóloga Patricia Pomatti remarca que a la definición de asexual (quien no siente necesidad ni interés por el sexo), se suma también la de autosexual (que sí experimenta sensaciones sexuales sin compartirlas con otro, como la masturbación) y la de demisexual. Las personas demisexuales se sitúan en una zona intermedia, donde las relaciones sexuales son esporádicas, necesitan de momentos o personas muy especiales, o bien se encuentran abiertas a la “sensualidad” corporal antes que centradas en la “genitalidad”.

¿Un problema o una orientación sexual?

“Antes de saber que era asexual intentaba encontrar una cura o una solución a mi problema. Fui a la sexóloga por varios años y me daban ejercicios de focalización sensorial, sesiones donde tenía que hacerme caricias con mi pareja o ejercicios para fortalecer los músculos vaginales. Hasta me hicieron un estudio hormonal, que me dio bien. Se sabe muy poco sobre el tema y en la cultura popular no se ve mucho. Es muy difícil, porque uno ve series o películas y cuando estás en etapa de formación es difícil no identificarte con lo que ves. Juega un papel re importante, te cuestionás por qué no sos como tus referentes”. (Magalí, 25 años, fotógrafa profesional)

Es común escuchar en los relatos de personas asexuales que su primer impulso hacia el desconocimiento de lo que les sucedía era buscar ayuda. Psicólogos, médicos y sexólogos intentan muchas veces encontrar tratamientos, estudios y terapias que reviertan la situación.

“A partir de 1980, el enfoque dado para la asexualidad hacía referencia a la depresión y asociaba la baja libido con baja autoestima. Estas investigaciones abrieron espacio para la comprensión de la asexualidad como una disfunción sexual y algunos análisis asimilaban el desinterés por la actividad sexual como un desorden de orden biomédico y psiquiátrico”, detalla la antropóloga Giórgia Neiva, especializada en Género y Sexualidad. Y agrega: “En 2004, el psicólogo social canadiense Anthony Bogaert publicó el primer estudio sobre la asexualidad como orientación sexual no patológica. A partir de él, la asexualidad pasó a ser investigada bajo el sesgo despatologizador también en las ciencias sociales, con el objetivo de reconocerla como una cuarta orientación sexual”.

Según el sexólogo Walter Ghedin, las personas asexuales no quieren ser consideradas “enfermas” ni catalogadas con diagnósticos médicos y rechazan explicaciones psicológicas que interpretan su problema como consecuencia de traumas o mecanismos de defensa.

“Hablamos de una patología cuando la persona que consulta por la disminución del deseo sufre o le ocasiona problemas vinculares. En estos casos se busca la causa para arribar a un diagnóstico de su malestar, que entorpece su expresión erótica e influye en su estima. Esta es una gran diferencia con las personas asexuales, quienes asimilan lo que sienten como una forma de ser, por lo tanto no sufren”, explica Ghedin.

La visión de los otros

“Cada vez que cuento que soy asexual hay dos reacciones. La primera es no creerme, el escepticismo. Después, cuando asimilan que realmente no me interesa el sexo la segunda reacción es: ‘Ah, pobre. Estás traumado. ¿Por qué no vas a ver a un médico o a un psicólogo?’. Son reacciones que acentúan el trauma. Yo, que soy un adulto estabilizado, lo puedo tolerar, pero un adolescente debe sentirse raro. Por eso la idea es visibilizar nuestra postura aún más, así más gente puede identificarse con nosotros.” (Alejandro, 40 años, abogado) Durante sus estudios sobre la asexualidad, la antropóloga Giórgia Neiva percibió que sus entrevistados afirmaban estar presionados por familiares y amigos para tener una vida social y emocional de acuerdo con las exigencias impuestas por la demanda “heteronormativa”, es decir: obligación de casarse, tener hijos biológicos y constituir familia. Además, la mayoría relataba sufrir ofensas y apodos peyorativos.

“Desde los años 2.000, en las ciencias humanas y sociales el entendimiento basado en investigaciones es que la asexualidad es una orientación sexual legítima y no patológica. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud aún no se ha manifestado sobre el tema, así como áreas biomédicas mantienen la asexualidad en un límite muy tenue entre lo normal y lo anormal, lo sano y lo patológico, ya que admite la asexualidad como condición viable, pero juega con la posibilidad de ser conceptuada como sintomatología o desvío sexual. Entonces, queda la cuestión abierta: ¿quién o qué institución tiene el poder de oficializarla como orientación sexual?”, concluye. Entonces, la pregunta sigue siendo: ¿quién?

 

Fuente: Revista Viva del diario Clarín

Fecha 24-3-2019

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