Mundo Cuenca
Lavalle 50
(0379)443-6299
Un estudio indica que los implantes cerebrales podrían funcionar para tratar las depresiones severas
Compartir

Publicado el 21/10/2019

Desde hace más de una década, la medicina utiliza implantes que estimulan el cerebro para tratar la depresión severa en personas a quienes no les dan resultado los fármacos, la psicoterapia ni las sesiones de electroshock. El tratamiento es controvertido —toda cirugía para afecciones psíquicas lo es, dada su accidentada historia— y los resultados han sido variados. Dos grandes ensayos que evaluaban implantes estimuladores para la depresión fueron interrumpidos debido a sus resultados decepcionantes y el enfoque no está aprobado por los reguladores de salud federales.

Ahora, a través de un informe dado a conocer el pasado 4 de octubre, un equipo de investigadores psiquiátricos ha divulgado los primeros resultados a largo plazo sobre pacientes a quienes se les implantaron electrodos estimuladores hace ya ocho años. Las pacientes están bien en general y han conservado su mejoría inicial. Publicado en la revista especializada American Journal of Psychiatry, el estudio es reducido; alude a solo 28 casos. Aun así, sostienen los expertos que es probable que las averiguaciones efectuadas amplíen el interés en un campo en el que se ha llevado adelante un gran esfuerzo.

“Lo más impresionante es la respuesta sostenida”, afirma Darin Dougherty, director de neuroterapia del Hospital General de Massachusetts. “Eso no se ve con ninguna otra cosa en esta depresión severa. El hecho de que hayan tenido a toda esta gente bien durante tanto tiempo es lo importante.” A este tratamiento con implantes se lo conoce como estimulación cerebral profunda o ECP (DBS según sus siglas en inglés) y los médicos lo han utilizado durante décadas para ayudar a que los pacientes con mal de Parkinson controlen sus temblores.

Para tratar la depresión, los cirujanos insertan un electrodo en una zona de la corteza cerebral que en las personas con depresión severa desarrolla mucha actividad. Haciendo llegar corriente eléctrica a esa región, denominada área 25 de Brodmann, su actividad se apaga eficazmente, dando lugar al alivio de los síntomas depresivos en muchos pacientes. El electrodo está conectado a una batería que se coloca en el pecho. El procedimiento requiere una cirugía simple; a partir de ese momento el implante provee corriente continua.

A principios y mediados del año 2000, Helen Mayberg, por entonces neuróloga de la Universidad de Toronto, descubrió la importancia del Área 25 y participó en los primeros ensayos experimentales de tratamientos mediante ECP para abordar esa zona, si bien su trabajo en el aislamiento del Área 25 se remonta a bastante tiempo atrás, dentro de la década de 1990.

En el nuevo análisis, Mayberg —que ahora está en la Escuela de Medicina Icahn del Sistema de Salud Mount Sinai— y Andrea Crowell, de la Universidad Emory, dirigieron un consorcio de investigadores de diversas instituciones que evaluaron la salud mental y la historia de 28 personas tratadas con ECP por depresión en Emory. Alrededor de un tercio experimentó una plena remisión de los síntomas en los meses que siguieron a la cirugía, y la mitad refirió una reducción perceptible y mensurable de su aflicción. De acuerdo con el informe, años después estaban igual de bien.

“La conclusión es que si uno mejora, mantiene esa mejoría”, dijo Mayberg, profesora de Neurología, Neurocirugía, Psiquiatría y Neurociencia. “No se pierden los efectos con el tiempo. El dispositivo se usa como un marcapasos, y uno se mantiene bien”.  De los 28 pacientes, 14 respondieron a por lo menos ocho años de seguimiento y once a no menos de cuatro años. Según el informe, tres personas se hicieron sacar el implante aunque les iba bien con él. La mayoría del conjunto tomaba medicamentos antidepresivos cuando se les efectuó la intervención y siguió haciéndolo luego.

Los investigadores no encontraron efectos adversos relacionados con el funcionamiento del dispositivo. Siete individuos tenían diagnóstico de depresión bipolar, trastorno severo que alterna la depresión con períodos de manía y elevada energía. Existía preocupación porque la estimulación cerebral profunda pudiese provocar episodios maníacos en tales individuos. Los autores informan que eso no se produjo.

Las complicaciones más comunes derivaron de conflictos mentales subyacentes y del procedimiento quirúrgico en sí. Durante los años de seguimiento hubo cinco intentos de suicidio en tres pacientes, índice por debajo del promedio para personas con esta clase de depresión severa, aun cuando los números son demasiado chicos para sacar conclusiones. Además, se produjeron 19 eventos adversos en el transcurso de los procesos quirúrgicos, entre ellos falla del dispositivo e infección. El porcentaje es aproximadamente característico de la cirugía ECP para trastornos del movimiento como los del Parkinson.

Varios de los participantes fueron intervenidos quirúrgicamente más de una vez, debido a que la energía de la batería del implante disminuía con el tiempo y reducía el efecto sobre el estado anímico. Dijo Mayberg que desde entonces la tecnología ha mejorado y actualmente los dispositivos son recargables por vía inalámbrica; las técnicas quirúrgicas también se han perfeccionado en los años recientes. Mayberg retiene para sí una cuota de la patente de propiedad intelectual sobre el enfoque del tratamiento.

No obstante el nuevo informe, obtener la aprobación federal de la estimulación cerebral profunda para la depresión va a demandar tiempo, dinero y dedicación, así como más evidencias. A mediados de la década actual, dos fabricantes de dispositivos para implantes, Medtronic y St. Jude Medical, pusieron en práctica tests de ECP para la depresión de acuerdo con lineamientos aprobados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, según las siglas en inglés). Ambos ensayos se interrumpieron tempranamente, dentro de los seis meses, porque los resultados eran poco satisfactorios.

En una revisión reciente de las evidencias a la fecha, que incluyó informes de casos, muestras reducidas y ensayos más grandes, un equipo conducido por Steve Kisely de la Universidad de Queensland, Australia, llegó a la conclusión de que la “ECP puede mostrarse promisoria para el tratamiento de la depresión resistente, pero hasta que se disponga de más información sigue siendo un tratamiento experimental”.

Darin Dougherty afirmó: “Lo más importante que puede hacer este informe es impulsar a los fabricantes de dispositivos a que vuelvan a implementar ensayos con estas intervenciones. Podemos pensar lo que queramos; no hay forma de conseguir la aprobación de la FDA sin ensayos adecuados”.Benedict Carey es redactor de ciencias de The New York Times desde 2004. También ha escrito tres libros: Aprender a aprender, sobre la ciencia cognitiva del aprendizaje, Poison Most Vial (tentativamente, Frasco con máximo veneno) y Island of the Unknowns, science mysteries for middle schoolers (aproximadamente, Misterios científicos para estudiantes secundarios).

Fuente: Clarín

Fecha: 20-10-2019

Volver
Suscribite a nuestro newsletter

El programa de TV de la UCP presenta secciones educativas, de interés general, de deportes y noticias destinados al sistema universitario y a la comunidad en general. En el mismo nos proponemos difundir la producción de conocimiento generado desde aulas, institutos y laboratorios, como también el compromiso del personal que protagoniza su acontecer cotidiano como docentes, no docentes, estudiantes, investigadores y técnicos.