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Thomas Piketty: “Los trabajadores deben tener más voz y los ricos pagar más impuestos”
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Publicado el 17/12/2019

Thomas Piketty, economista francés de 48 años, es considerado por muchos el experto número uno del mundo en desigualdad, un tema tan de moda que este viernes la revista The Economist lo promocionó como nota principal de tapa. Diez años atrás, antes de la crisis de Lehman Brothers en 2009, era impensado que la biblia del capitalismo planteara la necesidad de reducir la desigualdad en el mundo, en portada. La evidencia es clara: el crecimiento en este último tiempo en el mundo y la región (no en la Argentina donde su PBI per capita ha caído) se repartió de manera tan desigual que para muchos explica las posiciones extremas y aislacionistas de gobiernos centrales. De ahí que sea relevante atacar el fenómeno.

Clarín conversó el viernes, telefónicamente, 25 minutos con Piketty sobre estos temas que desarrolla en su obra reciente y que llegó a la Argentina este fin de semana: Capital e Ideología, su nuevo libro. Con el anterior, Capital en Siglo XXI, el francés logró lo que muchos economistas anhelan y no pueden: llegar al gran público. A continuación un resumen de la charla:

– En esta era de twitter, Instagram y en la que la mayoría de las audiencias no ve un video de más de 3 minutos en youtube, ¿qué lo motivó a escribir un libro de economía de 1.248 páginas sobre la desigualdad y las ideologías?

– En economía los libros son muy importantes. Una demostración fue mi trabajo anterior, El Capital en el siglo XXI. Las personas buscan y quieren manifestar una opinión a la hora de debatir y participar en conversaciones personales y en redes. Es difícil hacerlo en 140 caracteres.

– ¿Qué es lo que más destaca de esas 1.248 páginas?

– Presento un modelo para entender por qué hay que generar más movilidad del capital a nivel global, que no esté tan concentrado en unas pocas manos. Permitir que aquellos que no acceden a él, lo hagan en proporciones razonables y evitar la concentración del patrimonio que vemos hoy en día.

– Usted propone un impuesto global sobre el patrimonio de los más ricos para dar US$ 132.000 a todo el que cumpla 25 años, ¿por qué?

– Por esto que dije: hacer circular la propiedad para que la mayor proporción posible de la población acceda a una magnitud razonable de patrimonio. Aunque una persona tenga educación y un salario, puede destinar una porción importante de sus ingresos a pagar un alquiler. Un impuesto sobre la propiedad podría financiar una herencia de 132.000 dólares para todos a los 25 años.

– ¿Está a favor de expropiar ?

– Prefiero gravar, no expropiar. La expropiación crea un problema: la incertidumbre y la imprevisibilidad. Se puede lograr una mayor movilidad del capital a través de una reforma tributaria en vez de la expropiación.

– ¿La fórmula para aumentar la movilidad del capital es cobrar más impuestos a lo que usted llama súper ricos?

– Es una parte. Mi estrategia para aumentar la movilidad del capital debe descansar sobre dos pilares. Los ricos tienen que pagar más impuestos y los trabajadores ganar voz en los directorios de las empresas y participación en las ganancias.

– Capital e Ideología parece un libro más directo y radical que Capital en el Siglo XXI. ¿Coincide?

– No sé si más radical, sí creo que se lee más fácilmente y es más completo. Hablo de temas que en Capital del Siglo XXI no hice como la importancia de las ideologías, las coaliciones de gobierno, las experiencias sobre la desigualdad en distintos países, los impuestos y casos de economías no occidentales como en Africa, Asia y precapitalistas. Para el lector que no leyó el libro anterior y sienta curiosidad sobre estos temas preferiría que lea este libro en vez del anterior. Me parece mejor (se ríe).

– El gobierno de Chile aumentó el boleto del subte 3 por ciento y encendió una protesta que no estaba en los cálculos de la clase política. Hace dos años, en la Argentina, pasó algo similar cuando el gobierno de Mauricio Macri cambió una fórmula para actualizar las jubilaciones. ¿Cómo se relacionan estas reacciones de sectores de la población con el aumento de la desigualdad y la pobreza?

– Lo que vemos en Chile, y en la región en general, es la manifestación de un sistema económico desigual, eso que describí antes, una persona tiene educación y salario pero no necesariamente cuenta con los recursos para tener su propiedad el día de mañana. Hay una demanda para avanzar hacia un sistema social más justo y a mi juicio se logra con un sistema tributario más progresivo y mayor participación de los trabajadores en las empresas.

– ¿Por qué países como China y Rusia que fueron comunistas se volvieron capitalistas?

– Y muy capitalistas…. China y Rusia han ido demasiado lejos. En Rusia no hay impuesto a la herencia y eso no es progresivo. Fíjese que los hijos de los más ricos que se quedaron con una usina o una empresa tras la caída del régimen heredarán una fortuna mientras los pares de su generación no. El impuesto a la herencia en Japón es 55%, en Alemania 40% y en Francia 45%, en Rusia y China es cero. En ambos países hay una ideología compleja, que no sé si es buena para sus habitantes pero sí lo es para sus oligarcas.

– ¿Por qué fracasó el comunismo si el capitalismo, a su juicio, genera tanta desigualdad?

– El comunismo cometió un error: persiguió como objetivo que la propiedad no estuviera en manos privadas sino en las del Estado. Y eso estuvo mal porque la propiedad debe llegar a las manos de la mayor cantidad de personas y en proporciones razonables. En el comunismo las élites temieron que si los privados accedían a la propiedad provocarían un asalto a la toma del poder del Estado y los desplazarían de la conducción.

– ¿Qué opina de la tasa Tobin, un impuesto a los capitales financieros?

– Puede ser útil pero no tanto como un buen impuesto progresivo a los ingresos.

– Usted habla mucho de las ideologías en su libro. ¿Qué le dice a los economistas que sostienen que el aumento de la desigualdad no es cuestión de ideología sino de oportunidades y libertades?

– Están equivocados. Todos tenemos ideologías y estas importan. Lo que necesitamos es que las ideas de uno respeten a las del otro y se desarrollen sobre la base del debate y la evidencia empírica. La desigualdad no es sólo culpa de los cambios en la economía y en la tecnología, también es política e ideológica.

Desigualdad y gobiernos: una agenda cada vez más ineludible para la política

Ha sido notorio en los últimos años la proliferación de trabajos y reconocimiento a economistas en la materia. Principalmente después de la crisis de Lehman Brothers de 2009 que llevó a la peor recesión global en 80 años y la recuperación desde entonces ha sido despareja. En 2013 Thomas Piketty publicó Capital en Siglo XXI, un libro que sacudió el tablero sobre por qué el mundo se hizo más desigual. En 2015, el escocés Angus Deaton ganó el Premio Nobel por sus estudios sobre la pobreza y la desigualdad. Este año, con el mismo galardón, fueron premiados Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer por sus métodos para luchar contra la pobreza. Y los economistas Branco Milanovic y Thomas Piketty publicaron sendos libros sobre la desigualdad y el capitalismo este año. The Economist esta semana recoge el debate. Plantea que hay interpretaciones erróneas sobre el aumento de la desigualdad y pide que el tema no sea tratado con ideología: los candidatos demócratas Elizabeth Warren y Bernie Sanders plantean, como Piketty, aumentar impuestos. Para The Economist la fórmula es aumentar la competencia.

 

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