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Los bebés y los alimentos: ¿cuáles tienen luz verde, amarilla o roja?
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Publicado el 28/10/2019

La alimentación complementaria es un proceso lento por el cual se ofrecen al lactante alimentos sólidos o líquidos distintos de la leche materna o de una fórmula infantil como complemento y no como sustitución de ésta. En los últimos años las recomendaciones han cambiado numerosas veces, así lo explicó el pediatra Flavio Serra.

Los tiempos van cambiando, algunas costumbres quedan y otras se van renovando. La alimentación es una de ellas. Existen varios tips respecto a la alimentación de los lactantes que se mantienen con luz verde y otras que actualmente tienen luz roja. El pediatra Flavio Serra explicó en diálogo con El Litoral explicó que no es la intención inculcar el miedo, sino que los padres o cuidadores brinden una alimentación consiente y segura a los bebes. “Todos nos criamos a lado de un árbol de naranjas, pero actualmente darle la fruta entera con semillas a los bebés se conoce que genera riesgos”, explicó el pediatra Serra. Otro ejemplo es el famoso chupete en miel, algo que no se debería hacer jamás antes del año.
“Siempre es mejor que los niños aprendan a comer de una manera más rústica, no con pulcritud. Que se ensucien que toquen los alimentos, en la medida que el chico tenga la libertad de comer, lo ideal que su primera experiencia sea con las manos y los cubiertos pasen a segundo plano”, subrayó Serra.
Otro punto es resaltar que la alimentación del niño no debe estar basada en los gustos de los adultos. Por ejemplo, el agregado de sal, por el simple hecho de “darle sabor”.
Los lactantes a partir de los 6 meses ya pueden iniciar la alimentación complementaria (AC) con alimentos triturados previamente, pueden ser frutas, verduras y carnes. Es importante saber que los menores de 9 meses no pueden consumir nada de pescados y “rotundamente un no, la miel en menores de un año”, destacó el pediatra; porque este alimento, en niños pequeños, puede causar botulismo.

Rotundo “no”
El semáforo en rojo para las frutas con semillas y los frutos secos, hasta que el niño sepa comer bien y defenderse si se atraganta. Los frutos secos incluyen nueces, maníes, almendras, entre otros. Es importante resaltar no dar frutas con semillas a niños menores de 5 años. Los tamaños de las mismas oscilan entre 3 a 10 mm, la tráquea (conducto de la vía aérea) en niños de 1 a 6 meses es 5 a 6 mm, de 6 a 18 meses es 6 a 7 mm, de 1,5 a 3 años es 7 a 8 mm, de 2 a 4 años 7 a 8 mm, de 4 a 6 años 8 a 9 mm. Según explicó Serra el niño puede aspirar la semilla con graves consecuencias. “Hay que tener cuidado con la aspiración”, resaltó el pediatra. En cuanto al pororó que suele estar presente en los jardines y cumples, hay que saber que antes del año los niños no deben consumir.
Ahora que estamos de cara al verano es fundamental brindar a los niños alimentos que lo hidraten. Acá en este punto hay que resaltar que lo mejor siempre es agua segura, pero además se pueden agregar alimentos como ser frutas, gelatinas, jugos naturales, evitar gaseosas y jugos artificiales.
¿Cuán importante es la alimentación en el primer año de vida?
Según destaca la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) una alimentación saludable es un derecho: garantiza la vida, cumple una función importante en la socialización y en la construcción de significados sobre ésta y el mundo. Una nutrición adecuada en los primeros años de vida es fundamental para un correcto crecimiento y desarrollo.
La lactancia materna exclusiva está recomendada en todos los niños durante los primeros 6 meses de vida. A partir de los seis meses y hasta los 2 años de vida, recomendamos la lactancia junto con una apropiada introducción de alimentos complementarios.
A partir de los 6 meses hay que incorporar alimentos sólidos teniendo en cuenta que debe asegurase la preparación y el almacenamiento seguro de estos. La textura, el sabor y el olor de las preparaciones son claves para que le chico los acepte mejor; debe aumentarse la consistencia en forma gradual, según la tolerancia del niño. Es importante tomarse el tiempo suficiente para darles de comer bien, con tranquilidad, hay niños en los cuales es más difícil esta incorporación y se necesita más paciencia para ello.
En estos meses comienzan a incorporase en el almuerzo, verduras y frutas maduras: papa, calabaza, batata, zanahoria y manzana, banana, pera, sin azúcar. También incorporamos aceite, carne sin grasa de vaca, de pollo y conejo.
Entre los 7 y 8 meses incorporamos la cena junto con cereales y sus derivados: sémola, fideos, arroz, polenta, maíz, avena, fécula. También verduras y otras frutas como: zapallitos, acelga, palta, y durazno, damasco y melón. Además, quesos tipo cremoso o ricota. Papillas de legumbres: arvejas, lentejas, porotos, y garbanzos (bien cocidos, sin piel, pisadas y coladas) pan, galletas tipo vainilla. Yogurt entero sólo o con cereales o frutas.
Entre 9 a 12 meses: agregamos huevo entero con más de 10 minutos de cocción para preparar budines, flanes, tortillas, soufflés, no frito, no crudo. Salsa blanca y queso rallado. Dulce de batata o membrillo.
La aceptación de los alimentos se desarrolla y cambia durante los primeros años de vida de nuestros hijos. Hacerles probar alimentos repetidamente es fundamental para determinar si una comida será aceptada o rechazada en el futuro. A los chicos les gusta tocar los alimentos con las manos, tirarlos y mirarlos caer, y es común que rechacen los nuevos alimentos, que no conocen (neofobia).

Fuente: Diario El Litoral

Fecha: 27-10-2019

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