Mundo Cuenca
Lavalle 50
(0379)443-6299
Hongos, quinoa y “hamburguesas” de laboratorio: tres opciones sustentables para reemplazar la carne
Compartir

Publicado el 21/03/2019

Hay desarrollos en la Argentina, Israel y la Unión Europea. Buscan reducir la producción de gases de efecto invernadero.

Si la humanidad pretende alimentar de manera sostenible a 10.000 millones de personas -la población mundial estimada para los próximos 30 años- es forzoso implementar un sistema de provisión nutricional más inclusivo y eficiente que el actual y que se adapte al cambio climático. El objetivo es dar con una fuente de proteínas económica y fácil de producir, que pueda reemplazar a la carne, responsable de una cuarta parte de los gases de efecto invernadero (GEI). Un hongo de producción local, la quinua o el amaranto y la carne de laboratorio figuran entre los posibles sustitutos.

Un informe presentado este año en el Foro Económico Mundial (WEF), titulado “Carne: la sucesión del futuro“, planteó la necesidad de buscar productos alternativos que sean ricos en proteínas. El documento –firmado por Joseph Poore, de la Universidad de Oxford en Inglaterra y Thomas Nemecek, del Instituto Agroscope en Suiza- indica que abandonar la dieta de origen vacuno podría reducir las emisiones GEI entre un 7% y 26%. Además, la producción promedio de carne vacuna sudamericana genera tres veces más GEI y requiere 10 veces más tierra que la europea.

En el país, el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) y la firma EnyeTech anunciaron el desarrollo de un hongo llamado Fusarium Venenatum, también conocido como Quorn o Kernel. El proyecto se propuso hallar una nueva fuente de proteínas, que no contuviera colesterol, con bajo nivel de grasas y un alto porcentaje en fibra, sin necesidad de utilizar animales como método de conversión.

“Aprendimos a multiplicarlo de forma eficiente en un medio de cultivo industrial. Este hongo tiene sabor neutro y una consistencia fibrosa similar al atún. En la escala proteica sólo lo supera el huevo, cuyo valor biológico es de 100, contra 84 de esta microproteína. Nuestra idea es comercializar un electrodoméstico para que cualquier familia lo pueda cultivar en su propia casa de forma simple. También, vender la materia prima y los cartuchos para alimentarlo”, explica Horacio Acerbo, cofundador de EnyeTech.

Además, su huella de carbono es muy inferior a la de la producción de proteína animal y consume 15 veces menos recursos hídricos y de suelo, ya que se produce en barriles o tanques, por lo que es una opción sostenible y respetuosa con el medio ambiente. Y como sus fibras están entrelazadas y son firmes, es un excelente sustituto de la carne.

“Es un producto que tiene 50 años en el mercado, pero fue más orientado al comercio que a la alimentación. No es un hongo de sombrero ya que es más parecido al que le crece al pan. Ofrece un nivel de proteínas que está por encima del pollo y la carne. Tampoco depende de factores ambientales para su producción. Hablamos con un chef para hacer comidas en base a este hongo y dice que es algo único, ya que al no tener la interferencia del sabor, se pueden elaborar recetas tanto dulces como saladas”, comenta Martín Blasco, jefe del Departamento de Bioprocesos del INTI.

Para mejorar las opciones de los consumidores, el proyecto financiado por la Unión Europea PROTEIN2FOOD desarrolla productos innovadores a partir de cultivos de alta calidad que resultan nutritivos y poseen una huella de carbono relativamente pequeña. Entre los que fueron investigados con éxito figuran la quinua y el amaranto, que proceden de la región andina de Sudamérica.

La singularidad de esta colaboración internacional es que aborda la cadena de valor alimenticia en su totalidad. Desde la optimización de los cultivos, el desarrollo de nuevos ingredientes proteínicos, prototipos de alimentos con los que ejecutar estudios de aceptación hasta las nuevas combinaciones para su consumo.

“Podemos cubrir los requerimientos de proteína del cuerpo en términos de cantidad requerida, ya que las leguminosas con los que trabajamos, pueden contener valores de entre 15–50% de proteína y los granos desde 12–20%. La producción y distribución son factibles pues estos cultivos existen en varios países, pero muchos de ellos, como es en el caso de las leguminosas, se dirigen a la alimentación animal”, destaca Gabriela Renee Alandia Robles, líder del Departamento de Plantas y Ciencias Ambientales (PLEN), Universidad de Copenhague.

Según los investigadores, el proyecto no intenta convencer a los carnívoros para que se conviertan al vegetarianismo, sino ofrecer a los consumidores alternativas adicionales que requieran menos recursos y reduzcan por tanto la cantidad de carne consumida.

Y en caso de que todas las opciones anteriores no logren convencer, la carne artificial puede ser la alternativa dorada. Varias startups israelíes se sumaron a empresas de todo el mundo que tratan de producir carne de laboratorio, convencidas de que puede ayudar a resolver la creciente demanda de alimentos.

La carne artificial o in-vitro consiste en células del animal cultivadas en un laboratorio, empleando una tecnología parecida a la de las células madre. “La producción de carne es una actividad muy ineficiente. En cambio, la cultivada requiere 10 veces menos agua, menos tierra y menos energía“, apuntó Yaakov Nahmias, profesor de bioingeniería de la Universidad Hebrea y fundador de Future Meat Technologies.

El impacto ambiental

Organizaciones ambientalistas estiman que la ganadería es responsable del 65% de emisiones del gas óxido nitroso, un gas de efecto invernadero con un potencial 296 mayor que el dióxido de carbono. Lo mismo ocurre con el 37% de todo el metano (23 veces más perjudicial que el CO2) que se origina en el sistema digestivo de los rumiantes. La ganadería industrial y los pastos para alimentar a los animales ocupan el 45% de la tierra habitable en el planeta. Eso sin contar que se necesitan 9.400 litros de agua para producir 500 gramos de carne de vaca. Según La Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la agricultura es responsable del vertido de grandes cantidades de agroquímicos, materia orgánica, sedimentos y sales en los cuerpos de agua. Si bien no existen cifras globales, se estima que los forrajes consumen el 37% de los plaguicidas, el 50% de los antibióticos y producen una tercera parte del nitrógeno y el fósforo que contaminan el agua.

Una investigación realizada por el Institute for Agriculture and Trade Policy (IATP) alertó que si la industria sigue creciendo al ritmo acelerado en el que lo ha hecho en los últimos años, para el 2050, será responsable del 80% de los gases de efecto invernadero que se emiten cada año en el mundo.

Fuente: https://www.clarin.com/sociedad/hongos-quinoa-hamburguesas-laboratorio-opciones-sustentables-reemplazar-carne_0_vUnZjq4rJ.html

Volver
Suscribite a nuestro newsletter

El programa de TV de la UCP presenta secciones educativas, de interés general, de deportes y noticias destinados al sistema universitario y a la comunidad en general. En el mismo nos proponemos difundir la producción de conocimiento generado desde aulas, institutos y laboratorios, como también el compromiso del personal que protagoniza su acontecer cotidiano como docentes, no docentes, estudiantes, investigadores y técnicos.