| "La oratoria: Un don de los dioses", por el Dr. Pedro Pablo Perrotti |
| Jueves, 29 de Abril de 2010 14:51 |
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Los últimos años, he dedicado buena parte de mi tiempo académico, a investigar y profundizar el tema de la “comunicación eficaz“, es decir a la singular importancia que revisten las competencias comunicativas, en cualquier ámbito de las relaciones sociales,- y que en particular, respecto a los Abogados, representa un costado inescindible en su formación.- Estoy convencido, - luego de transitar largos años en el ejercicio de la profesión liberal, y en la academia universitaria, que el “ discurso “ entendido por tal –“a las formas de expresar adecuadamente nuestras ideas, “ - constituye un aspecto central en el posicionamiento del hombre de leyes, para lograr el cometido finalista de su apostolado, cual es,” poder convencer al Juzgador, que es a nuestro cliente a quién le asiste el derecho en el caso planteado…”.- Claro está, ello no quiere decir. que la competencia para poder comunicarnos adecuada y eficazmente, sea en modo alguno – una cualidad o destreza que en exclusividad debe alcanzar a los Abogados,- por el contrario, como siempre lo sostengo , creo, que desde nuestra elemental y básica posición de seres que hablamos (los únicos), nos coloca en la imperiosa necesidad de comunicarnos con eficacia,- hasta aquellos escenarios de mayor rango por exigencia científica ó profesional, como un médico, un científico, un profesor, etc. todos ellos, requieren el dominio de sus formas expresivas para” llegar” a sus receptores.- Pero insisto, -la relevancia del Discurso, sin dudas, alcanza con mayor exigencia al Jurista, en particular al Abogado, pues sus competencias comunicativas , son sus vías para llegar al convencimiento al que se aspira,- y que naturalmente, no se agota con “el decir “ ó si queremos, con el “saber decir” lo que expresamos, - sino, adviértase, que lo relevante está en la “carga” de persuasión, que debe contener nuestro discurso, a fin de que sea apto para convencer,- y si deseamos agregar a ello, un grado de complejidad aún mayor, podríamos decir, que el mensaje debe estar” pleno” “de argumentación y justificación”.- Podríamos acompañar más de un argumento. para destacar la importancia de la comunicación efectiva , entendida por tal “a la manera precisa, fluida y contundente de poder comunicar nuestras ideas”… y el abogado post-moderno debe estar sólidamente preparado para ello, pues las demandas y exigencias futuras en tal sentido, lo obligará a sostener sus alegatos y defensas con discursos convincentes, -en un ámbito cada vez menos apacible y recoleto-como el de su despacho- sino frente a Tribunales expectantes y a un Auditorio no menos pendiente de sus argumentaciones,- y a quienes se debe persuadir y convencer.- Un buen orador, requiere dominar las técnicas esenciales de la expresión oral,-de igual modo como necesita conocer estrategias para presentar eficazmente sus ideas, y sobre todo poder comunicarlas con precisión y claridad.- Se trata, que el “mensaje” llegue eficazmente al receptor (público, auditorio, ó tribunal) y que sobre todo, contenga la fuerza suficiente como para que sea aceptado como verdadero y convincente.- Todo “discurso” debe contener, al menos, las sgtes. previsiones: a) la organización previa de las ideas. b) preveer la gran sensibilidad de su “exordio” (introducción), -que tiene una importancia decisiva, -sino recuérdese lo que Aristóteles decía en referencia a ello,-“…en la oratoria, el comienzo, constituye más de la mitad del todo…” c) apropiarse con solvencia del conocimiento fluido del tema a tratar. d) recrear el uso de las técnicas retóricas (la belleza de las frases y las palabras) , que agregan una plus valía a nuestro mensaje. e) las citas de los clásicos, la contundencia de la prédica y el manejo eficaz de las pausas, no constituyen menores virtudes del buen orador. f) siempre será aconsejable “justificar” nuestros pensamientos, que se logra con una adecuada argumentación de los dichos. g) no poco relevante, es el conocimiento previo del auditorio a quién se dirigirá el Discurso. h) y, finalmente,-la llamada “peroración” (la conclusión ó remate eficaz) de la alocución, Un solo consejo al respecto, sugiere, ”concluirlo sin anunciar,” es decir, terminarlo cuando el auditorio todavía espera seguir escuchando al orador… Recordemos, que en la antigüedad, la Oratoria, era considerada como un “ Don de los Dioses “ y la “ Retórica” concebida como la sistematización de los recursos expresivos, esto es, un conjunto de reglas para saber expresar nuestras ideas, pero por sobre todo,- aptas para convencer, persuadir, y porque no, para deleitar y conmover.- Esta pulida habilidad, gozaba de gran prestigio entre los griegos y romanos, y sólo basta recordar al más grande orador que conoció el mundo antiguo, Marco Tulio Cicerón, quién era reconocido como uno de los más grandes retóricos y estilistas expresivos de la prosa en latín de la Roma antigua.- El abogado Cicerón, fue un hombre de letras y de leyes, en su integridad. Como escritor romano, civilizó el idioma, transformando al latín en lengua culta. Entre sus numerosas Obras se cuentan, entre otras, Catilinarias y Filípicas, De Oratore (acerca de las formación del orador), Orator (retrato del orador ideal), Brutus (historia de la elocuencia griega y romana) los Discursos y numerosos otros tratados sobre retórica y oratoria.- Concluyendo, -si nuestros jóvenes de hoy, que gozan los beneficios de una avanzada tecnología a su disposición, - pudieren interpretar, que la mejor formación ,será su carta de mejor posicionamiento en un mundo cada vez más altamente competitivo, aceptarían éstos reflexivos consejos ,que servirán -estoy convencido- como un austero aporte,- para refundar, nuestra devaluada sociedad contemporánea.- Dr. Pedro Pablo Perrotti Decano Facultad de Ciencias Sociales Universidad de la Cuenca del Plata |